El parque bruil, perteneciente al actual polígono 7 de Zaragoza, se encuentra enclavado en una zona que desde la época romana se ha considerado como una buena zona agrícola debido a su facilidad de riego y a su situación.
Este parque, dada su localización, tiene un microclima especial que favorece la presencia de su vegetación: es una de las zonas de Zaragoza donde las nieblas adquieren una mayor densidad, esta protegida de los vientos del noreste por estar en una hondonada, tiene buena insolación, la proximidad de los cauces fluviales es aprovechada por los árboles para humedecer el ambiente durante el verano; sin embargo, en invierno la humedad no es excesiva, salvo cuando hay niebla, debido a que la mayor parte de los árboles son de hoja caduca, propiedad que además contribuye a reducir la contaminación.
La actual finca formaba parte de unos terrenos propiedad de los frailes agustinos y, en virtud de la desamortización de Mendizábal. Fueron vendidos en 1835 como bienes nacionales al matrimonio formado por D. Zacarías Iñigo y Dña. Maria Saldaña que a su vez, poco después, la vendieron a D. Juan Buril. Este pertenecía a una familia de origen francés procedente del Bearn que tomo carta de naturaleza Zaragozana en el siglo XVIII.
D. Juan Buril construyo una finca de estilo francés con especies vegetales y jardineros traídos expresamente de Francia. La finca estaba formada por espesas alamedas, estanques, jardines, huertos…, poseyendo una abundante fauna: cisnes, faisanes, pavos reales, gamos, corzos, etc. Este vergel podía ser visitado por los zaragozanos algunos días festivos, que incluso podían divisar toda la zona de San Miguel desde una montaña rusa de 25 m de altura que existía en el interior de la finca.
Con el paso del tiempo y debido a la disminución de la fortuna de los Buril, estos vendieron la finca al notario D. Francisco de Cavia y Fernández y a su esposa Dña. Anselma Lac y Gracia, por un valor de 70.000 escudos en el año 1868.
Los herederos de dicha familia la volvieron a vender en publica subasta, adquiriéndola D. Sebastián Montserrat y Bondia el 13 de febrero de 1878, por la cantidad de 87.100 Pts. Este propietario hizo donación de la finca a su hijo D. José Maria Montserrat de Pano el 14 de abril de 1917.
Después de la venta de la finca por la familia Buril, esta paso a tener en sus terrenos diversas actividades; campo de fútbol del Real Zaragoza en la antigua zona de piscinas, canódromo e incluso parque de automóviles durante la Guerra Civil. Con los años la finca fue sufriendo graves quebrantos hasta llegar a manos del ayuntamiento que la expropio en 1956. Posteriormente fue convertida en Parque, aumentando los destrozos, y permaneciendo así hasta nuestros días quedando solamente algunas muestras de su antiguo esplendor como varios magnolios, una encina, un tilo, un plátano de sombra, un castaño de Indias, una falsa acacia y algún almez realmente excepcionales.